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Conceptos 08/03/2013

Hoy en día la arquitectura se basa en crear espacios para el ser humano, pero sobre todo, dar solución a los requisitos establecidos por los organismos competentes. Algunos ejemplos de estos requisitos son la eliminación de barreras arquitectónicas,  el confort, la seguridad de utilización, la seguridad estructural, la protección contra incendios, contra ruidos, la salubridad, el ahorro energético, etc.

Todas estas exigencias se encuentran reguladas por las normativas vigentes como son el Código Técnico de la Edificación (CTE), la Instrucción de Hormigón Estructural (EHE-08), el Reglamento de Baja Tensión (RBT-02), o el Reglamento de Instalaciones Térmicas de los Edificios (RITE-07), entre otros.

En estas últimas décadas, en general, se ha observado una evolución en la tendencia de los arquitectos, llegando extrañamente a construcciones que no interactúan con el medio que les rodea, en la realización de edificaciones tipo que se extrapolan a cualquier lugar y condición, sin tener en cuenta consecuencias, sus propias particularidades o el impacto generado. Quizá convendría  explicar cuándo se dejan de lado las construcciones tradicionales que interactúan con el habitante y el medio que le rodea para plagar la faz y subsuelo de la tierra de hormigón. Hasta el día de hoy, se ha seguido con una tipología constructiva basada en hormigón armado y acero, sin importar el bienestar de los usuarios, ni tener en cuenta medio que la envuelve.

Todo esto, se debe a una normalización del trabajo en la construcción, la cual consigue disminuir los costes de obra y al mismo tiempo, debido a la gran demanda existente, comportando un mayor beneficio para promotores, constructores y entidades financieras. Por ello, esta práctica se ha realizado a diestro y siniestro por toda la geografía peninsular A esto no se le puede considerar arquitectura, no es diseño armónico, no son construcciones eficientes, ni edificios sanos, son simplemente un engaño, una estafa. Dentro de este concepto se engloba la construcción convencional (no la tradicional), la arquitectura “high-tech” (alta tecnología), entre otras.

Como se ha comentado anteriormente, esta costumbre se ha extendido de forma generalista, pero no todos los profesionales del sector han bailado al son de este compás, y por ello se han redescubierto otras fórmulas que se han convertido en tendencias,  que como el resto, no se han creado en estos últimos años, sino que son métodos constructivos que se han utilizado a lo largo de la historia y que hoy en día, se han adaptado a los conocimientos y tecnologías actuales. De esta forma, se ha conseguido mejorarlas y perfeccionarlas, y surgen destacadas corrientes como las siguientes:

 

La arquitectura bioclimática,

La primera es la arquitectura bioclimática: trata de diseñar los vacíos, creando habitáculos para obtener el máximo confort en el interior de las edificaciones, y al mismo tiempo utilizar el mínimo coste energético posible. Aprovecha los recursos disponibles en su entorno (sol, viento, lluvia, vegetación), por tanto, se sirve de las condiciones climáticas externas para captarlas y transformarlas en un nivel elevado de bienestar para los usuarios del edificio. Su objetivo principal es la generación de una sinergia entre la arquitectura y su entorno.

Para poder entender correctamente esta corriente arquitectónica, se deben conocer los cuatro pilares o premisas fundamentales que la promueven:

  • Ahorro de materias primas, utilizando para ello, materias que se puedan renovar sin ocasionar un perjuicio posterior a futuras generaciones.
  • Eficiencia y consumo energético, utilización de todos los elementos necesarios que permita un coste energético bajo.
  • Reducción de la contaminación, utilizando sistemas y técnicas de bajo impacto ambiental, evitando destruir el medio que lo rodea.
  • Simplicidad, a igual confort o bienestar, se elige la opción más simple y sencilla.

Para este tipo de arquitectura no se pueden utilizar edificaciones convencionales, a las cuales se adhieren algunas modificaciones, como pueden ser instalaciones de energías renovables (placas fotovoltaicas, colectores térmicos, o aerogeneradores), porque estas construcciones no van a comportarse correctamente, ni van a cumplir los objetivos previstos. En esta corriente, se tiene que concebir “el todo” como un ente y por ello se debe realizar desde su diseño, hasta el final de la vida útil del edificio.

En el diseño del edificio se debe combinar de forma armónica la totalidad de  los elementos utilizados en la construcción, y los de  su entorno, ya que es un todo indivisible. No se puede concebir  una construcción sin tener en cuenta lo que la envuelve.

Antes de comenzar a desarrollar la segunda tendencia de la que vamos a hablar, es necesario destacar  dos palabras: sostenibilidad y sostenible. Hoy en día, estos conceptos tan manidos se llegan a utilizar tanto  desde el ámbito de la economía, hasta el ámbito del medio ambiente. la palabra sostenibilidad, en nuestro caso, es un proceso equilibrado entre los recursos existentes y la explotación de los mismos, mientras que sostenible, es todo aquello que no daña dicho equilibrio. Por ello, para considerar si un proceso es sostenible se debe estudiar su intensidad, la maquinaria y los medios de explotación, así como el tiempo de regeneración de los mismos.

Como se estarán imaginando, esta segunda corriente, trata sobre una arquitectura respetuosa con el equilibrio holístico del entorno que lo rodea y el mundo. A esta corriente se denomina arquitectura sostenible, y se basa en reducir al máximo el impacto ambiental producido durante el ciclo de vida del edificio (desde la fabricación de los materiales, la construcción, la vida en funcionamiento y el derribo del mismo). Se puede decir que se basa en cinco pilares fundamentales:

  • El ecosistema sobre el que se asienta.
  • Los sistemas energéticos que fomentan el ahorro
  • Los materiales de construcción
  • El reciclaje y la reutilización de los residuos
  • La movilidad

 

 Otra corriente es la arquitectura orgánica u organicismo arquitectónico, es la búsqueda de integrar en un equilibrio armónico el hábitat humano y el medio natural.  Para entenderlo mejor, hacemos una referencia a la definición acuñada al arquitecto Frank Lloyd Wright, donde decía: “Y aquí estoy ante ustedes predicando la arquitectura orgánica, declarando que la arquitectura orgánica es el ideal moderno y la enseñanza tan necesaria si queremos ver el conjunto de la vida, y servir ahora al conjunto de la vida, sin anteponer ninguna "tradición" a la gran TRADICIÓN. No exaltando ninguna forma fija sobre nosotros, sea pasada, presente o futura, sino exaltando las sencillas leyes del sentido común —o del súper-sentido, si ustedes lo prefieren— que determina la forma por medio de la naturaleza de los materiales, de la naturaleza del propósito... ¿La forma sigue a la función? Sí, pero lo que importa más ahora es que la forma y la función son una.” (F. L. Wright, Organic Architecture, 1939)

 

También encontramos la bioconstrucción, y sus 25 principios:

1. Materiales naturales y no adulterados.

2. Materiales inodoros o de olor agradable que no emitan sustancias tóxicas.

3. Materiales de baja radioactividad.

4. Protección acústica y antivibratoria orientada a las personas.

5. Clima interior. Regulación natural de la humedad atmosférica interior mediante el uso de materiales higroscópicos.

6. Minimización y disipación rápida de la humedad de la obra nueva.

7. Proporción equilibrada de aislamiento térmico y acumulación de calor.

8. Temperaturas óptimas de las superficies y del aire ambiente.

9. Buena calidad del aire ambiente gracias a una renovación natural.

10. Calor radiante para la calefacción.

11. Alteración mínima del entorno de radiación natural.

12. Ausencia de campos electromagnéticos y ondas de radio en expansión.

13. Reducción de la presencia de hongos, bacterias, polvo y alérgenos Medio ambiente, energía y agua.

14. Minimización del consumo de energía aprovechando al máximo fuentes de energía renovables.

15. Materiales de construcción procedentes, preferiblemente, de la región y que no favorezcan la explotación abusiva de materias primas escasas o peligrosas.

16. Prevención de problemas para el medio ambiente.

17. Calidad óptima posible del agua potable.


18. Respeto de dimensiones, proporciones y formas armoniosas.

19. Condiciones naturales de luz, alumbrado y colorido.

20. Aprovechamiento de los conocimientos de fisiología y ergonomía en la decoración y el equipamiento del espacio interior.

21. Ausencia de perturbaciones naturales y artificiales en la obra.

22. Viviendas alejadas de fuentes de emisiones contaminantes y ruidos.

23. Método de construcción descentralizado y flexible en urbanizaciones ajardinadas.

24. Vivienda y entorno residencial individual, muy relacionado con la naturaleza, dignos y compatibles con la vida familiar.

25. Ausencia de secuelas sociales negativas.

 

La tercera piel

Todo esto, no hace que se obtenga un nivel elevado de confort en el interior de la edificación por lo que se debe elaborar y diseñar la tercera piel de la casa, como son los revestimientos de la construcción, los materiales, las composiciones y los espesores de cada cerramiento para poder obtener el bienestar deseado.

Entonces, se ha de diseñar y dimensionar la climatología interior mediante elementos mecánicos o artificiales, es decir, con la técnica anterior se puede conseguir que el edificio tenga un ambiente deseable durante el 90% de su vida útil, pero para el resto de tiempo, se debe apoyar en otros dispositivos. Para los días de bajas o altas temperaturas la construcción necesita un aporte extra de calor o frío, que se proporciona mediante unas instalaciones. Estas instalaciones se aconsejan que sean de energías renovables, con utilización de suelos radiantes, geotermia, agua caliente sanitaria mediante colectores térmicos, generación de electricidad mediante placas solares fotovoltaicas o generadores de viento, placas termodinámicas, etc.

Otras tendencias que cabe destacar son la arquitectura “Low-tech” (baja tecnología), surge en la primera crisis del petróleo y como contraposición a la corriente “high-tech”. Se basa esencialmente en la utilización de materiales naturales, resolución de problemas arquitectónicos a través de los conceptos de ecología y bioclimáticos, así como la  escasez de tecnología.

Sobre los años 80, surgen en Estados Unidos las denominadas “Passive House o Passivhous”, donde se busca la máxima eficiencia energética y la optimización de las temperaturas, mediante el principio de captación, almacenamiento y distribución sin necesidad de aportaciones externas de energías. Todo ello, se consigue mediante los principios físicos de conducción, convención y radiación de calor. Este tipo de construcciones se diseñan y dimensionan para que exista un nivel elevado de confort en el interior del edificio, sin necesidad de utilizar otros aportes energéticos extras.

En estos últimos tiempos se estima que alrededor del 41% de la energía primaria consumida en Europa proviene del sector de la edificación. Ante tal afirmación, aparecen los denominados “Zero emissions building (ZEB)”, donde el objetivo principal es realizar edificios con emisiones de  CO2 nulas. Estas construcciones se tienen que basar en los principios bioclimáticos y sostenibles. Es una alternativa muy beneficiosa para el futuro de la humanidad, pero igualmente muy complicada de llevar a cabo. Un ejemplo de este tipo de construcción es el edificio “CIRCLE”, ubicado en el campus universitario de la universidad de Zaragoza “Río de Ebro”.  Esta construcción mezcla las técnicas de construcción bioclimática y bioconstrucción, consiguiendo como resultado una emisión de 0,74 t de CO2/m2 en toda su vida útil (50 años) y un gasto energético total de 1.140 kWh/m2.

Por último, no me gustaría dejar de mencionar una vertiente nacida sobre los años 70, se trata de la arquitectura de materiales reciclados. Es una  corriente pionera y dónde su creador, el arquitecto estadunidense Michael Reynolds, realiza casas a través de los residuos reciclados, los cuales, los utiliza como materiales de construcción.  Esta tendencia se fundamenta en construir mediante el reciclaje de latas de cerveza, botellas de plástico, neumáticos, entre otras cosas. Las edificaciones realizadas son casas unifamiliares orgánicas, creando viviendas sostenibles y bioclimáticas, además de reutilizar la basura del lugar y dar una solución a la destrucción del hombre sobre el medio natural. También comentar, que el coste de la construcción es prácticamente despreciable. El ejemplo de este tipo de arquitectura se puede encontrar en el proyecto “Earthship”  (naves de tierra) con el cual ya se han construido más de 2.000 viviendas por todo el mundo.

 

Nota: Los datos de este texto están referidos a la Península Ibérica, aun pudiéndose  extrapolar a toda la civilización de costumbres  occidentales, con algunas excepciones.

 

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