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Agricultura ecológica:

Fisiopatías en el tomate

Agricultura ecológica 14/09/2013 casa de fibras

Fisiopatías en el tomate

 

Uno de los cultivos hortícolas más importante en la península es el cultivo del tomate (Solanum lycopersicum o Lycopersicon esculentum Mill), con una superficie total de 54.000 hectáreas entre el tomate de temporada al aire libre, y el plantado bajo túnel de forzado que se puede cultivar en las zonas litorales todo el año.

Con una media de 4 mil toneladas anuales de producción total, gran parte se destina a la exportación, principalmente europea -durante el otoño e invierno- y los excedentes de verano se destinan a las conservas.

El tomate es un cultivo hortícola poco exigente en lo que se refiere a cuidados y con un alto rendimiento (kg/Ha), que  depende de la  variedad, la zona climática, el tipo de suelo y el manejo del cultivo.

Nos preocupa el tema de las fisiopatías, no menos importante que el de plagas, ya que en el manejo agroecológico, el desarrollo de plagas o enfermedades no es tan letal. Sin embargo, si el cultivo sufre de una fisiopatía, el rendimiento económico puede bajar mucho y hacer menos rentable su cultivo, dado que es complicado encontrar el manejo adecuado para minimizar este tipo de daños. Por lo tanto, podemos afirmar que uno de los principales problemas en el cultivo ecológico, por no decir el principal, es el tema que desarrollamos a continuación: las fisiopatías.

Entendemos como fisiopatía un defecto en el fruto o parte vegetal causado por una carencia o exceso mineral y/o ambiental. El tomate puede sufrir algunas de las alteraciones que nombramos a continuación:

- Necrosis apical  del fruto (culo cagado).
- Golpe de sol.
- Rajado de frutos.
- Carencias de nutrientes (decoloración de las hojas).

La fisiopatía principal que puede llegar a sufrir la planta de la tomatera y la que aparece más frecuentemente a lo largo del cultivo, es la necrosis apical (también se conocida como “la peseta”, o “el culo cagado”), y nos puede costar toda una cosecha en veranos calurosos. Esta fisiopatía se produce por la deficiencia de calcio (Ca) en el fruto, y llega a ser uno de los principales problemas en la producción de tomate, tanto en cultivo en campo como en invernadero.

Esta condición se presenta normalmente por varias causas, pero sobre todo cuando existe baja humedad relativa en combinación con alta temperatura del aire y del suelo, incrementando la evapotranspiración y promoviendo un vigoroso crecimiento de la planta y el fruto y una mayor demanda de nutrientes. Lo anterior provoca la acumulación de Ca en las hojas, y además al mismo tiempo puede ocasionar deficiencia de este nutriente en los frutos, debido a que la movilidad del Ca dentro de la planta es baja y el crecimiento del fruto es muy intenso. De esta forma, la cantidad de Ca que llega al fruto no es suficiente para cubrir la demanda nutricional de las actuales variedades de alto rendimiento, (a excepción la variedad de tomate mini, Cherry).

 

Normalmente esta carencia no viene producida por la escasez de calcio en el suelo, ya que el calcio no es normalmente un elemento deficitario en los suelos, aunque sí que puede darse el caso en suelos muy ácidos. Lo que normalmente ocurre es que no tenemos el calcio (en forma Ca2+) absorbido (que es el calcio cambiable), cuando están absorbidos por los ácidos húmicos forman los humatos. En general, en las regiones templadas, el calcio intercambiable es unas 10 veces más abundante que el potasio cambiable. Por lo tanto, no es un problema de falta de calcio cambiable, sino de condiciones ambientales puntuales que hacen que no trasloque bien por toda la planta (hojas, frutos en altura, etc.)

 

El calcio desarrolla unas funciones en la planta muy importantes, no solamente para que no se desarrolle la carencia apical en el tomate:

 

  • Su acción se desarrolla fundamentalmente en las paredes celulares y las membranas plasmáticas.
  • Presenta funciones estructurales de fortalecimiento de la pared celular.
  •  Controla la permeabilidad e integridad de las membranas celulares.
  •  Interviene en la división y la elongación celular (importante en el desarrollo de raíces).

 

El suelo

 

Los suelos con pH muy alcalinos imposibilitan la liberación de calcio.  En cualquier suelo está presente el calcio, aunque no todas sus formas pueden ser asimilables. Esto ocurre en los suelos alcalinos, donde la presencia de iones hidrógeno es prácticamente nula, dificultando los procesos de liberación del calcio. Para mejorar la liberación de los cationes calcio, es recomendable:

 

  • Utilizar agentes complejantes.
  • Potenciar la actividad de las raíces.
  • Utilizar azufre en el suelo, o bien ácido cítrico en el agua de riego.

 

Es muy importante potenciar el sistema radicular, ya que si una planta ha desarrollado bien dicho sistema, tendrá menos problemas para la captación de nutrientes, dado que su sistema prospeccionará más cantidad de cm2 de suelo, y tendrá de forma equilibrada un sistema radicular secundario, muy importante para este menester. ¿Cómo potenciar la actividad de las raíces? Es muy importante en el momento del trasplante a la parcela definitiva, hacerlo durante el principio de la primavera, adelantándonos una semana sobre su fecha normal para así no tener que regar, dado que en nuestras latitudes las primaveras suelen ser húmedas, y en el suelo la oferta de agua todavía es mayor a la demanda. De esta forma podremos estar unos 15-20 días sin regar las plantas (que preferiblemente se hará a goteo), para potenciar el desarrollo de un buen sistema radicular profundo, ya que el calcio asimilable es absorbido por las zonas jóvenes de las raíces. Por todo ello, se debe intentar mantener un sistema radicular activo, sin crear estrés en el riego: la oferta de agua ha de ser constante, regando a diario, en las horas de menor insolación y con una duración de tiempo constante según las necesidades hídricas debidas a la evapotranspiración.

 

Es necesario saber que el transporte del calcio vía xilema se hace de forma pasiva, arrastrado por el agua, a lo largo de este. Por ello, cualquier factor que potencie la transpiración (flujo xilemático) afectará a la nutrición cálcica. El calcio sigue el flujo transpiratorio, por tanto llega con más dificultad a los órganos con baja tasa de transpiración (frutos, hojas jóvenes).

 

Normalmente las carencias de Ca tienden a presentarse en frutos y hojas en crecimiento.

 

 

También podemos encontrar otro problema en la salinidad del suelo, independientemente de su pH. Las elevadas concentraciones en la solución del suelo son la causa de antagonismos, por ejemplo, con el sodio Na+: si el suelo se saliniza por sodio, el calcio será difícilmente absorbido por la planta.

 

 

La disminución del potencial osmótico del agua en el suelo dificulta la absorción de agua por parte de la planta. También hay datos que concentraciones de boro (B) altas en el suelo afectan a la traslocación del calcio y su distribución por parte de la planta.

 

Dado todo lo expuesto anteriormente, debemos de evitar una serie de situaciones:

 

  • Elevados contenidos de nitrógeno (N), usado sobretodo en abonos químicos.
  • Presencia de otros iones antagónicos (Na+, K+, Mg2+).
  • Suelos con pH muy alcalinos que imposibiliten la liberación de calcio.
  • Inadecuado suministro de boro (B), por exceso  o por defecto.
  • Estrés hídrico (esta opción es la más común).
  • Elevada conductividad eléctrica del suelo.

 

 

Siempre sería conveniente una analítica de suelos, antes de comenzar a implantar el cultivo y comprobar las concentraciones de minerales del suelo de la finca, para luego poder hacer un diagnostico ajustado a los posibles daños y/o fisiopatías que puedan ocurrir.

 

Evidentemente conociendo bien las causas, el mejor método será siempre «prevenir mejor que curar», pero si no se tomó esta precaución, se deberán seguir los pasos siguientes:

 

  1. Arrancar los tomates con necrosis, pues no se producen frutos útiles, pero consumen calcio.

 

  1. Podar las hojas bajas de la planta y eliminar los chupones que queden, ya que al eliminarle peso-tamaño a la planta, el calcio podrá llegar con mayor facilidad a los tomates pequeños que queden y estarán en crecimiento.

 

  1. Regar con regularidad (en goteo, a diario o incluso dos veces al día).

 

  1. Suspender los abonados amoniacales y potásicos.

 

  1. Adicionar calcio soluble en el agua de riego e incluso en abonado foliar. Este abonado foliar será, en todo caso, complementario.

          Dosis en riego por goteo: 5-7 kilos/ha.

          Dosis en riego por surcos: 10-14 kilos/ha.

 

Para concluir, esta fisiopatía  que se da en el cultivo de tomates y pimientos, y la importancia del calcio en el suelo, hay que tener en cuenta las siguientes reflexiones:

 

  • El calcio es un elemento poco móvil tendiendo acumularse en los órganos viejos.
  • Los órganos de mayor actividad metabólica como las hojas en crecimiento, frutos y meristemos apicales son los que reciben menos calcio.
  • La carencia de calcio afecta a los órganos en formación y crecimiento donde queda fijado en las paredes celulares.
  • Las hojas viejas pueden tener cantidades normales de calcio, mientras que las jóvenes, frutos, órganos en crecimiento pueden presentar niveles por debajo de los adecuados. 

 

 

 

Un artículo de  Francisco J. Cerviño, ingeniero agrónomo

Editado por Construnatura

 

 

Bibliografía:

 

Muriel Baile, M. 1983 “Necrosis apical del tomate”. Hojas divulgativas, Ministerio de Agricultura y Pesca.

 

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